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viernes, 26 de noviembre de 2010

Ir a Misa en Rowais

Ir a Misa en Ruwais                                                           


Belisa y Rafael son un matrimonio venezolano. Se mudaron recientemente a los Emiratos Árabes por razones de trabajo, y desde entonces han tenido la dicha de poder ir a Misa todas las semanas
24 de noviembre de 2010
Belisa
Una de las cosas buenas de pasar un tiempo en el desierto es que la inmensidad y la nada te dan claridad de mente para pensar mejor.
Soy médico, recién casada, y desde hace poco tiempo Rafa y yo vivimos en Ruwais, un pueblito de los Emiratos Árabes que queda a dos horas y media de Abu Dhabi, que es la ciudad más cercana.
Dejadme ser honesta: Ruwais ni siquiera es un pueblito: es un gran campamento construido alrededor de una refinería de petróleo, donde prácticamente todos los que viven allí son trabajadores de la industria. Desde que llegamos aquí hemos tenido la dicha de poder ir a Misa todas las semanas.
La logística de la Misa
La experiencia es de lo más especial. Debido a que este campamento-pueblo es propiedad de una empresa del Estado, que es musulmán, la comunidad católica no tiene permiso para construir una iglesia en donde reunirse.
Aquí los católicos, conformados principalmente por gente de Filipinas y la India, tienen una logística organizadísima en donde van cambiando de casa cada semana para celebrar la Misa en un lugar diferente. Se trata de no molestar a ningún vecino árabe dos semanas consecutivas.
A cada Misa van al menos 80 personas, incluyendo muchísimos niños, que además asisten a clases semanales de catequesis. De todas las personas que asisten sólo cuatro somos occidentales.

El sacerdote, que también es de la India, tiene que venir desde Abu Dhabi para celebrar la Misa a las siete y media de la mañana. Luego sigue a otro campamento-pueblo para celebrar otra Misa, y después regresa hasta su casa, que está a dos horas y media de camino. Los pocos sacerdotes del país hacen eso todos los días en diferentes pueblos.
En esa casa sencilla, sobre un altar modesto presidido por una pequeñísima cruz se realiza el milagro de la Transustanciación, y Jesús se hace presente para que cada uno de nosotros podamos compartir el gran banquete del Pan de Vida eterna. En ese momento uno simplemente se da cuenta de lo maravilloso que es pertenecer a la Iglesia Católica.
Eso es la Iglesia, la gran familia que te acoge en cualquier rincón del mundo en donde estés. Sin duda no es nada sencillo. Para que la Misa tenga lugar hace falta el esfuerzo de mucha gente: del sacerdote, del que presta su casa, del diácono organizador, de la gente que acude, de todos.
Esa señora india que tengo al lado, que en tantos aspectos es tan diferente de mí, en el fondo, somos muy parecidas porque nos une una misma lucha y una misma Fe. Seguro que también ella considera un regalo del Cielo poder tener Misa en Ruwais.
Rafael
Estando aquí me doy cuenta que uno es muy afortunado de haber crecido en un país católico. Aunque pienso que por tenerlo todo tan a mano (a “pata de mingo”, diría mi suegro), no nos damos cuenta de los inmensísimos beneficios. Ahora me arrepiento de todas las oportunidades perdidas en que no caminé unos cuantos pasos más para saludar al sagrario del hospital, o no fui a alguna de las tantas iglesias a oír Misa entre semana, a comulgar.
Ruwais es un campamento-pueblo en Los Emiratos Árabes, que queda a dos horas y media de Abu Dhabi, la ciudad más cercana
En países como Venezuela mucha gente es católica, como una cosa “cultural”: naces y te bautizan (fiesta incluida); llegas a tercer grado, y haces la Primera Comunión con todos los amigos del colegio (fiesta incluida); en cuarto año de bachillerato, haces la Confirmación con los “panas” (fiesta incluida); te casas por la Iglesia (obvio… fiesta incluida). Y muchas veces no paramos a darnos cuenta de lo grandioso que es que seamos católicos. ¡Claro que tiene que incluirse la fiesta porque es algo de muchísima alegría, pero no porque sea algo “cultural” sino por el inmenso significado de fondo que tienen todos esos pasos que uno decide dar a lo largo de la vida para vivir cara a Dios!
Aquí la gente que va a Misa no lo hace porque sea algo “cultural”, sino que están convencidos de que lo que creen es la verdad y que ningún esfuerzo es en vano. Debe ser por eso que el ambiente que allí se siente es simplemente especial.
Ahora entiendo mejor las palabras de san Josemaría, que aseguraba en Camino que cuando leemos y hacemos nuestra la vida de Jesucristo los que están alrededor se dan cuenta.  

viernes, 29 de octubre de 2010

testimonio de un sacerdote.

 Me ha llegado por varias vías esta carta del Padre Martin Lasarte. La verdad es que me ha encantado. Al acabar ya el Año sacerdotal, y después de lo que el Papa Benedicto XVI nos dijo ayer en la homilía de la Misa que clausuraba este año, pienso que viene muy bien leer esta carta del P. Martin, para dejar sentadas muchas cosas.


Es cierto que los sacerdotes somos hombres, y como todo hombre, débiles, pero tenemos que alabar y dar a conocer a tantos sacerdotes que trabajan tanto y tan ocultamente. Ya lo he dicho más de una vez, nadie se acuerda de ellos; hagamos un elogio de todos ellos.

La Carta del P. Martín Lasarte, salesiano uruguayo que hace casi 20 años está en Angola (África) está dirigida al periódico New York Times, que se ha empeñado en una campaña mediática contra la Iglesia y el Papa, más allá del doloroso escándalo de los sacerdotes que han sido motivo de escándalo por sus inconductas sexuales aberrantes.



Querido hermano y hermana periodista:



Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.



Me da un gran dolor por el profundo mal que personas que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.



Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… Ciertamente ¡todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.



¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños... No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio. Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a seropositivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.



No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región… Ninguno pasa los 40 años.



No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.



La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia , esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.



No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…



Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.



Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad , el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión.

En Cristo,

P. Martín Lasarte sdb

Angola - África



Un saludo

Publicado por Javier

lunes, 18 de octubre de 2010

Ateos, agnósticos y católicos no practicantes, ¿hay muchos?

Queridos amigos he encontrado varios artículos en un blog que acabo de descubrir que me parecen bastante buenos, al menos a mi me dieron que relexionar, es por lo que os los dejo aquí, proceden del blog:"Religión en libertad" y es un articulo de opinión que a mi me parece valiente sin ser descortés , ni agresivo con nadie, sino claro y leal, con los principios de la persona que lo escribe.


Si tocáis el titulo, podéis llegar hasta el blog al que hago referencia. y en que podeis leer otros árticulos igual de interesantes.

Hay quienes dicen que son ateos, es decir, que no creen en Dios, aunque en el fondo, incluso los que se confiesan ateos creen, por lo menos en Dios; no tantos, en la divinidad de Jesús, y normalmente apenas conocen lo fundamental de la fe cristiana. Perder la fe en Dios de manera radical no es tan fácil. En el fondo hay un tendencia hacia Dios.

Agnósticos, se declaran bastantes, aunque muchos, sobre todo jovencitos, no acaban de saber bien en qué consiste ser agnóstico, aunque se parecen bastante al ateo; piensan que lo sobrenatural no se puede demostrar y lo reducen todo a lo fenomenológico y relativo como dice la Real Academia de la lengua.

De ambas actitudes espero hablar en el próximo artículo, citando textos de grandes científicos como Ramón y Cajal, Kepler, Newton, Einsten, Darwin y unos cuantos más.

Cristianos no practicantes ciertamente hay muchos; más que ateos o agnósticos; son creyentes pero no son coherente con lo que creen.

Recuerdo a este propósito que en una entrevista que me hicieron en televisión, me preguntó el entrevistador qué opinión tenía de los que dicen que son católicos pero no practican; le contesté: cuando yo era torero... y me interrumpió.

- No me diga, Sr. obispo, que usted era torero.

- Sí, le respondí; pero eso era antes de ser sacerdote, claro.

- Bueno, bueno, ya seguiremos hablando del obispo torero cuando acabemos este tema.

- Con mucho gusto, aunque lo podemos tratar ahora muy brevemente: Yo era torero, pero no practicante.
A carcajada limpia; casi no pudimos continuar la entrevista.
Respecto a los ateos y agnósticos, digo que a mis seis o siete años, la existencia de Dios la veía como la cosa más evidente del mundo. Cuando mi madre ponía una clueca, yo señalaba en el calendario que teníamos colgado de la pared, el día en que iban a salir los polluelos. Recuerdo que eran 21 días. El día señalado iba visitando el lugar donde la gallina estaba incubando, hasta que veía cómo los pollitos iban picoteando las cáscaras, poquito a poco, hasta que salían. Y pensaba: ¿cómo es posible que el huevo que unos día antes servía para hacer una tortilla, se convierta en un pollito con ojos, oídos, patitas y que corriesen atendiendo a la llamada de la gallina cuando encontraba algo que ellos podían tomar? Sólo faltaba la palabra de mi madre que me decía: ¡qué sabio y qué poderoso es el Señor! Y no sólo estos pollitos, sino todos los pollitos del mundo y todas las plantas y todos los animales, y las estrellas y el sol...

Por eso decía que “veo” al Señor desde muy pequeño. Me es imposible no creer.

Recuerdo también que mi maestro nos hablaba del orden de la naturaleza: en el organismo humano, y en el de los animales. Nos ponía un ejemplo. Vamos a ver, nos decía; con unas tijeras cortamos todas las letras de la enciclopedia, una a una. (Qué bien, dijo uno; así no podremos estudiar). Cada uno mete en una cestita todas las letras de su enciclopedia y al salir a la calle las vais echando al suelo, uno detrás de otro. ¿Se ordenarán las letras de manera que aparezcan las 30 enciclopedias, una tras otra? Y la pregunta: ¿Qué es más difícil, que se ordenen las letras de las enciclopedias o que ordenen todas las plantas de manera que la higuera no produzca tomates, ni el manzano, melones, ni el pino calabazas? Es incomprensible que haya quien piense que el mundo se ha hecho y se está haciendo solo.

Por eso dijo San Pablo: "Lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables; jactándose de sabios se volvieron estúpidos" (Rom. 1, 20-22).

Recordemos que no hay peor ciego que el que no quiere ver
En el próximo artículo pondré testimonios de grandes científicos acerca de lo que opinan sobre Dios; los que he dicho antes y unos cuantos más. Les diría, como los locutores de televisión: no se lo pierdan.
José Gea



La Iglesia Católica y Romana debe pedir perdón por todo, casi hasta por existir

Queridos amigos he encontrado varios artículos en un blog que acabo de descubrir que me parecen bastante buenos, al menos a mi me dieron que relexionar, es por lo que os los dejo aquí, proceden del blog:"Religión en libertad" y es un articulo de opinión que a mi me parece valiente sin ser descortés , ni agresivo con nadie, sino claro y leal, con los principios de la persona que lo escribe.
Si tocáis el titulo, podéis llegar hasta el blog al que hago referencia.

Ya se está convirtiendo en costumbre. La Iglesia Católica y Romana debe pedir perdón por todo, casi hasta por existir. Ninguna otra institución -incluidas las religiones más variopintas- es tan vilipendiada y denostada. Ya no digamos en España, donde ser anticlerical o denigrar venga o no a cuento a la Iglesia es un timbre de democrática "modernez" (con Z de zote) y de pedigrí ideológico y cultural (?). Todo vale. En algunos medios de comunicación resulta casi obsesivo. Y sin casi. Muy pocas veces se da de la religión católica una visión positiva o digna. O al menos ecuánime. O simplemente plantearse el decir la verdad. Es más fácil recurrir a la ironía de la caricatura o a la charlotada de un "progresismo" presuntuoso y hueco
Cicatería, resentimiento e ignorancia transforman la noticia en esperpento, y en culebrón su doctrina, lo más sagrado. Sonrisas cómplices, ácida mordiente, desplantes, prejuicios bobalicones, comentarios procaces o misticismos a la violeta rubrican la farsa. Son muchos los que, impunemente, se creen con derecho a insultar a la Iglesia Católica, viendo lo que no hay o faltando deliberadamente a la verdad. Para medrar, para vender o para darse fuste en determinados ambientes. La Iglesia es mi Madre y llevo mal, lo confieso, tanto menosprecio altisonante, tanta tontería irrespirable. Porque una cosa es poner la otra mejilla y otra muy distinta ser imbécil.
En el morbo que siempre tiene entre nosotros lo anticlerical, no deja de asombrarme la impunidad, la petulancia de ciertos gestos, los tópicos más rancios, el poco rigor profesional de algunos y el afán redentor de muchos a los que en realidad la Iglesia les importa una higa. Es más, querrían que dejara de existir o que los católicos estuviéramos calladitos. Y no nos engañemos con melifluas consideraciones, porque es en lo que están. Se afanan en ello y se ufanan ante los demás.

¿Vamos a dejar que sigan escupiendo sobre Dios por mucho tiempo sin decir nada, sin hacer nada? Los cristianos debemos ceñirnos los lomos y salir a la palestra con nuestro testimonio: con nuestra palabra y con nuestras obras. Y con nuestro voto. O se nos comerán por los pies hasta llegar al alma, acostumbrando nuestras vidas a la mentira, o a la comodidad cobarde del "no pasa nada", del "ya vendrán tiempos mejores".



sábado, 9 de octubre de 2010

una de jovenes deportistas

Encontre esto por casualidad, pero me gusto mucho y por eso quiero dejaroslo aqui...
 Jugador de basket: ¿vida a lo grande?
Año 2004. A falta de 16 segundos el entrenador se fijó en mí. Con 19 años estaba algo nervioso en la pista del Real Madrid ante Louis Bullock dirigiendo a los suyos y… yo mordiéndome las uñas.

29 de agosto de 2010
Así que tomé aliento. Me desprendí de la sudadera. Salté a la pista. Allí recibí el balón al bordé de la línea. Una finta, y un pasillo de jugadores. Me voy al aro… y el pivot del Real Madrid… me cae encima. ¡Qué dolor, madre mía! Personal. Dos tiros libres. Y ahí van, camino del aro... Entran. Uf, al menos ya está dentro la pelotita. Te relajas y suena la bocina. Final del partido. Miras el marcador. ¡Vaya paliza nos han dado! Si me viera mi abuelo Enrique, que me llevaba a los pabellones, qué feliz sería…
Bien, al menos he superado mi primera participación como base del equipo del CB de Granada en Madrid y no sé si he cumplido el sueño de jugar en Primera división. “Esto es una nube, cuidado”. Así que recojo los bártulos y subo al autobús. El público, al pasar, nos mira de abajo arriba como si fuéramos importantes. La gente parece pensar: “vaya unos tipos altos... ¿viven siempre a lo grande?”
Pero no. Nuestra vida no es a lo grande. Se descubre en el bus, cuando intentamos meter nuestras piernas tan encogidas como mortales. Mis problemas son cotidianos. Incluso pocos en comparación con los pivots del equipo que, con 210 cm, encajan las piernas entre los sillones estrechos. La verdad es que mis 190 centímetros no son llamativos al lado de mis compañeros.
Desde pequeño, algunos me conocen como el greñas. Por cierta timidez he tenido siempre el pelo largo y a mi madre le gusta así… y si a tu madre le gusta así ¿para qué cambiarle ese regalo diario?
De todas formas, compruebo que el pelo no es una manta contra el aire acondicionado del autocar, que entra por todas partes y que me hace sólo despertar y seguir pensando estas tonterías: “has jugado contra el Real Madrid, las chicas te adulan y hasta pareces un hombre famoso”. “Muy bien ¿y?” Claramente estoy en una sensación extraña, como la de aquel partido cuando era jugador cadete.
Recuerdo que había gran tensión en las gradas. Aquello era todo dramático. Imagínate el ambiente de un campo provincial con padres gritando, niños corriendo y el típico entrenador que se deja la vida de semana en semana. Emoción. Yo estaba en el banquillo y en el campo había un chico que defendía sin intensidad. Perdido por los nervios, grité harto de su indolencia: ¡pero qué tipo más malo! De la grada, saltó una chica: “¿cómo que malo? Ese chico no es nada malo… ¿Lo has mirado bien?”. Sorprendido, enmudecí sin saber qué decirle a la chica... pues nunca me han gustado las broncas. Así que escabullí mi cuerpo sobre la silla mientras el color rojo se adueñaba de mis mejillas. Había aprendido la lección. No juzgues las apariencias.
Después pasaron varios partidos. A los 14 años fui nombrado el jugador con mejor proyección de Granada y fui a recoger el premio. Estaba timidísimo… y contentísimo. También mis padres. Al bajar del estrado apareció de nuevo aquella chica. “Vaya, vaya… ¿y a ti te han dado un premio? Puff, pues vaya...”. Conclusión. Dos cosas estaban claras: que estaba poniéndome rojo y que aquella chica... tenía carácter.
Así que me enamoré. Lo reconozco, pero en el amor tampoco el pelo corté, pues si le gustaba a mi madre… también le gustaba a Julia, aquella chica fuerte y dedidida. Ella también juega al baloncesto (por cierto, bastante mejor que yo). Desde entonces el basket nos unió y el noviazgo avanzó rápidamente, entre cambios de equipos, entrenamientos y partidos. También llegaron los estudios de empresariales o el viaje con amigos y Julia para recorrer los USA en coche. Después, más horas de entrenamientos, ciudades, cansancio. “Tranquilízate Gonzalo. Tómate tu tiempo. Entrena sólo una vez al día y ve a la facultad. Esto es un largo camino y acabas de empezar”, me espetó el entrenador. “OK, mister”.
Por entonces, yo pensaba que las crisis deportivas eran personales, que uno debe fortalecerse sólo… pero ya la madre de Julia me había enseñado algo mientras enfermaba y moría de cáncer: uno vive para los demás en el dolor y en la alegría. No naces ni mueres solo.
“Pero ¿cómo es posible que la madre de mi novia aceptase el dolor de su situación diaria?”. Es algo que no encajaba y que me planteo frecuentemente. En la enfermedad, la madre de Julia vivía el Dios de las cosas pequeñas. Era su sonrisa, su cercanía afable. No sé. Es algo fácil y difícil de explicar… Algo que es propio de las personas que desean vivir el espíritu cristiano en el Opus Dei. Y para mí, Dios, estaba sólo en la Misa del domingo y en mis grandes momentos: para que entrara la bola en la canasta, para que ganáramos el partido, para que... Y allí, en medio de aquella casa, junto a mi futura suegra encamada descubrí que, aunque seas grande y alto, Dios está contigo porque eres un hijo pequeño y necesitado.
Por eso, hoy, que también soy del Opus Dei, estoy intentando vivir las orientaciones del entrenador en las cosas pequeñas, u otras tan importantes como buscar Misa diaria o haberme casado hace un mes… con esa chica de carácter.
De momento, con 24 años, no necesito tatuajes, aunque mis zapatillas lleven serigrafriadas la expresión “Everything to you” (Todo para ti). Ojo, que ya la llevaba antes de estar casado, ¿eh? pero lo cierto es que una expresión que me sirve para explicar a mis compañeros que jugamos otro partido más importante: el mundial de la Vida futura.
En fin, sé que la vida es sinuosa… pero ahí tengo a un Dios que se hizo hombre hace 2000 años. De momento, disfruto tanto de su compañía como de las tertulias y pachangas del equipo, de la música rap, o del hip hop del bus. Poco más. ¡Ah! desde que soy de la Obra salgo al campo buscando un ángel de la guarda sentado en la grada, con los pies cruzados y con una pancarta que dice: “sigue disfrutando del partido, disfruta de la vida. Tu abuelo Enrique… que está con Dios.”

viernes, 8 de octubre de 2010

DAR TESTIMONIO DE NUESTRA FE


Queridos amigos que podais visitar este blog, a fin de que no os perdais demasiado, quiero daros la bienvenida y comentrar solamente que un curso más estaremos aquí trayendo temas para profundizar en nuestra fe y en nuestra tarea como catequistas.

Bien es verdad que la época de verano , ha podido desconectarnos un poco de los medios de formacion, pero lo que seguramente no hemos hecho es alejarnos del amor de Dios, al que sabemos Padre, por encima de todo, porque es así, como Jesúcristo nos lo presenta.

Os invito por tanto a renovar vuestros deseos de formaros para mejor seguir a Jesús, nuestro unico maestro y servir mejor a los que de alguna forma Dios nos ha hecho corresponsables en su formación. (adultos, jovenes o niños) de las distintas pastorales de nuestras comunidades parroquiales,

Deseo vivamente que este año, os atrevais a participar y envieis vuestras entradas , para compartir, vuestras experiencias, vuestros conocimientos y vuestros proyectos que quizás puedan ser luz para otras comunidades o grupos de cristianos, que intenten vivir como nosotros con coherencia nuestra fe en medio del mundo.



Bajo el titulo de dar testimonio de nuestra fe, nos metemos un poquito en el tema, y quizás la primera pregunta que se nos sugiere es: ¿que hacemos realmente, cuando damos catequesis?.

Nos remontamos en torno al año 64 a 67, o incluso segun las investigaciones actuales quizás posterior, coincidiendo probablemente con el martirio de S. Pedro.

El Apostol sobre el que Jesús instituye la Iglesia invita a algunas comunidades cristianas que vivian en regiones diversas de Asia Menor a hacer las primeras catequesis o sea a dar testimonio de su fe en Jesucristo:

"estad siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza" (1ª de Pedro 3, 15).

y esa es la premisa la unica premisa valida tambien en nuestros días para ser catequistas, tenemos o colaboramos con la Iglesia en que somos los testigos de la esperanza en Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios.

La mayoría de aquellos cristianos a los que escribe Pedro, eran conversos del paganismo, hoy a las personas que probablemente tengamos en frente , no sean paganos pero si que son hijos de una sociedad en la que el materialismo y la sinrazon politica en la mayoría de los casos, han vapuleado con una fuerte influencia en descirtuar las virtudes cristianas y las verdades que desde el evangelio, Jesús nos aclara nos son necesarias para nuestra propia salvación.

Por tanto no es más fácil ahora que antes este anuncio, y tenemos que estar muy en concordancia con el evangelio, para no dar un falso testimonio de nuestra fe, promoviendo unas teorias que se nos imponen desde los medios de comunicación, cine, prensa, televisión, de una forma soterrada; pero que ha ejercido una gran influencia en la sociedad exponiendonos al doble peligro: interior, que dificulta nuestra propia perseverancia y exterior porque al igual que en aquellos primeros tiempos del cristianismo, no estamos de moda, sino que trabajamos en la mayoria de los casos contracorriente de una sociedad paganizada y materialista,en la que desde los entes publicos favorecen leyes anticristianas, y cuyo resultado es una cultura de muerte, mas que de esperanza. muerte de los inocentes, como es el caso del aborto. muerte de los ideales, como es la pornografia, la violencia, la critica desructiva desde las series y programas mas cotidianos de la tv.

Queridos catequistas, os invito como en aquel tiempo hizo S. Pedro a que ante esa situacion real y compleja de nuestra sociedad de hoy, nos formemos a conciencia, para ser respuesta y consuelo para los que han perdido la fe, o ni siquiera han llegado a conocerla y guia de la mano de Jesús y dirigidos por nuestra madre La Iglesia, para los que quieren profundizar en ella.

cristianos durmientes

 Cristianos durmientes


Esta es una iglesia de corazones cobardes y manos débiles. Ni milita, ni hace penitencia, ni goza

Autor: José Manuel Domínguez Prieto
Fuente: Almudi.org



Antaño se enseñaba que los miembros de la Iglesia católica formaban tres grandes grupos: el militante, que «peregrina» en la Tierra trabajando por el Reino; el purgante, formado por aquellos que, tras su muerte, están purificándose para poder entrar en la Vida Eterna, y el triunfante, formado por aquellos bienaventurados que ya están en la presencia del Padre.


Pertenecen a este grupo los que bautizan a sus hijos por la Iglesia y gustan de convocar a un montón de sacerdotes para celebrar el funeral del padre o de la madre (pues hasta esto cuantifican y toman como criterio de distinción y clase), pero pasan el resto de su vida ignorando a esa Iglesia a la que dicen pertenecer. Espiritualistas el domingo de doce a doce y media y materialistas el resto de la semana, viven con desgana todo lo que suene a religioso.
Intercambian ritos por seguridad, buscadores de precauciones, de prudencias, de virtudes adornadas de adormidera. Falsos creyentes a los que su tibieza les llevó a considerar virtuoso lo que no es sino la dimisión de sí mismos. Y así terminan por llamar mansedumbre a la debilidad de carácter, humildad a su impotencia, resignación a su cobardía. Y son los que, al final, terminan por protestar y enfadarse cuando Dios no se pliega a su voluntad: Hágase mi voluntad, así en el cielo como en mis tierras.
Se acuerdan de la Iglesia-institución sólo para criticarla. Y en esto andan bien despiertos en no dejar títere con cabeza. Son especialistas en criticar al Papa: si viaja, porque viaja; si no, porque no viaja. Si es viejo, porque es viejo. Y si es viejo y viaja, aún peor. Y critican al obispo, y al cura de la parroquia y a este y aquel movimiento. Sólo ellos, más allá del bien y del mal, parecen estar en la verdad sobre lo que la Iglesia debiera ser. Pero a la vez que critican, no mueven un dedo por hacer las cosas bien. Ni por hacerlas mal. Y a quien hace, se le asaetea, se le somete a todo tipo de críticas, enmiendas, correctivos y sermones. Ni hacen ni dejan hacer. No quieren compromisos pero no soportan el compromiso de otros. Y desde su mirador, critican, se quejan, exigen y pontifican ex cathedra.
Despiertan sólo para asistir, tediosamente, a alguna procesión, al rito de alguna boda, o para «hacerle la primera comunión» al niño (lo cual cada vez consiste más en la copiosa comida postsacramental que en el mismo sacramento, no faltando nunca quien aconseje al cura que «termine rapidito» que les esperan en el restaurante).
Asisten "religiosamente" a ver el partido de fútbol del sábado y el domingo, pero a la Eucaristía asistirán si apetece y se ponen bien las cosas. Amodorrados el sábado y el domingo y estresados durante la semana, pondrán siempre todo tipo de excusas para asistir a alguna reunión formativa. Pero siempre tendrán tiempo para un viajecito de fin de semana, para ir de rebajas o para echar alguna horita extra en la empresa. El euro es el euro.
Rechazan toda opinión que venga de la «jerarquía católica», como "imposición intolerable", pero se abrirán de par en par, acrítica y atolondradamente, a cualquier opinión ajena, dicha por cualquier persona en cualquier lugar, especialmente a aquellas que atacan a su propia Iglesia, sin hacer el mínimo esfuerzo de cotejar en las fuentes la verdad de lo que se dice. Siempre atentos al cotilleo acerca de los desmanes del cura de tal o cual pueblo, nunca tendrán ojos ni oídos para reconocer el trabajo intenso y fecundo hecho por católicos militantes.
Cristianos tibios, desencantados, tristes, porque ya no creen en nada, no conocen la alegría de la Salvación, porque ya nada quieren saber de salvación ni de "kerigmas".
Esta iglesia durmiente perdió su primer impulso, su entusiasmo, su vigor. No es ni fría ni caliente. Ya no sabe quién es ni se acuerda de lo que recibió. Es una iglesia de corazones cobardes y manos débiles. Ni milita, ni hace penitencia, ni goza.
(Resumen de un artículo para la prensa de José Manuel Domínguez Prieto. www.almudi.org)